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lunes, 26 de julio de 2021

¡Hagamos una Dieta sin Odios ni Venganza!

¡Hagamos una Dieta sin Odios ni Venganza!

“Hagamos una tregua o hagamos una dieta sin odio ni venganza, que ojalá sea de duración indefinida y pongámonos a trabajar aportando cada cual lo mejor de nuestra experiencia y conocimiento en beneficio de los demás. Nadie es tan malo que no quiera lo mejor para su familia ni para sus seres queridos, ni nadie es tan bueno que no haya cometido alguna vez un acto de abuso o no tenga algo de que arrepentirse.”

    Quiero hacer alcance a un mensaje escrito en el cual dije que en Chile nadie se muere de hambre, porque siendo esto verdad, debo reconocer que en el país sí hay hambre, pero es de venganza y con mucho odio... ¿Cómo no verla en esa expresión de odio acumulado y reprimido que se concentra y manifiesta en algunas personas, que son animadas por falsos líderes, oportunistas y resentidos, en diferentes espacios de nuestro largo y estrecho territorio?

    Es un hambre incomparable con la que hay en el resto del mundo, porque la nuestra parece insaciable. Algunos que la padecen, poco menos que exigen regresar al pasado 50, 100, 200 ó 500 años atrás para calmarla. Algo absurdo, porque no es un mito que la historia de la humanidad arrastra una larga y casi interminable lista de abusos, egoísmos y actos criminales, que son los causantes principales de la rabia que todos en algún momento hemos tenido, pero que a diferencia de lo que pasa en Chile, en otros países hacen ingentes esfuerzos para calmarla y superarla y crear mecanismos que eviten volver a caer en ella. Aunque, no creo que exista raza, etnia, ni familia, ni individuo que haya escapado al dolor de la discriminación y la humillación por parte de personajes abusadores, a menos que sea uno de ellos, con los cuales podemos topar en cualquier parte, desde la ventanilla de una oficina hasta en el más alto cargo de cualquier institución pública o privada.

    El mayor problema en nuestro país se presenta porque sólo hay hambre de venganza y no sed de justicia, la que por supuesto nunca ha llegado y sólo se ha alternado la venganza. Quienes la padecen y llegan a algún centro de decisión o tienen la posibilidad de ejercer algún poder, por pequeño que sea, hacen uso de él para causar daño a otros, aunque no sean culpables directos de su frustración y desgracia, alargando de esta manera la espiral de odio y venganza que se traspasa de generación en generación. Porque es más fuerte la rabia acumulada que el deseo de superarla y alcanzar la paz interior. No tenemos resiliencia. Por eso vivimos en una especie de "Montaña Rusa" en donde se asciende muy lentamente, pero se cae con velocidad, destruyendo a su paso lo construido con sacrificio y lucha social, aumentando la polarización de la sociedad. Hay quienes incluso, disfrutan del "vértigo" que otros llegan a sentir y no temen expresar su complacencia de saber que también han recibido la misma fatal experiencia...

    ¿Cómo salir de esta espiral de odio y venganza acumulada? Esa es la pregunta importante que debemos hacernos los ciudadanos, y aunque la respuesta es super fácil, tristemente no lo es la adopción de las recomendaciones, porque debemos negarle el voto o descartar en todo proceso de elecciones aquellos candidatos que tienen un pasado de conflictos no superado o están cargados del dolor y la presión excesiva de sus seguidores o representados, que se atrincheran en las puertas de su residencia para exigir venganza. El problema con estos candidatos es que gobiernan más con la emoción y la presión que con la razón, generando o aumentando el desequilibrio, en una sociedad desprotegida y permanentemente atemorizada. Daré un ejemplo para reafirmar lo dicho y lo ubicaré en el exterior para no herir algunas susceptibilidades en nuestro país. Es el caso del ex presidente Álvaro Uribe Vélez en Colombia, quien siendo el único candidato que llegó a ser Presidente de Colombia en primera vuelta y pudo permanecer en el poder dos mandatos consecutivos, recibiendo una aprobación popular por encima del 70% la cual mantuvo de principio a fin, no logró cambiar la percepción de los colombianos de haber sido influida su relación y la política de manejo del conflicto armado de Colombia, por el dolor que le provocó el secuestro y cobarde asesinato de su padre por un grupo de guerrilleros. Su manejo del conflicto se caracterizó por su beligerancia y múltiples enfrentamientos con muchas pérdidas de vidas, que han mantenido polarizado y secuestrado el país por un sin número de grupos armados que claman venganza. En otras palabras, la llegada de Álvaro Uribe a la presidencia de Colombia no sirvió para alcanzar la anhelada paz de los colombianos y poner fin a un conflicto armado que tiene en permanente sufrimiento a los colombianos hace más de sesenta años.

    Chile y el mundo viven tiempos complejos por la pandemia del COVID-19 y las graves consecuencias económicas y sociales que arrastra. Lo ideal sería contar con la sensatez y el comportamiento solidario de quienes ocupan cargos de liderazgo. Sin embargo, estos se mantienen distraídos cocinando más odio, porque no está bien el comportamiento obstruccionista, oportunista, revanchista, divisionista y vengativo, que sólo han mostrado la peor cara de la política chilena en esta tragedia. Siendo lo más grave la mezquindad, la ambición y la codicia de algunas personas, que tristemente ocupan cargos de importancia en instituciones clave del país. Sin embargo, deseo ser optimista, porque creo que todavía estamos a tiempo y porque nunca es tarde para comenzar un proceso de reconciliación nacional y para promover una convivencia pacífica entre los chilenos, los cuales debemos abstraernos o alejarnos de aquellos candidatos a la presidencia, al congreso y a los cores, que representen o arrastren un pasado cargado de odio, con sentencias o acusaciones judiciales pendientes, porque aún, siendo legitimas sus candidaturas, no nos ayudarán como país a superar los odios del pasado, ni a solucionar los problemas acumulados, ni a superar las crisis sanitaria, social y económica que enfrentamos, ni menos, podrán construir un mejor futuro para nuestros hijos y para nuestros nietos.

    Hagamos una tregua o mejor hagamos una dieta sin odio ni venganza, que ojalá sea de duración indefinida y pongámonos a trabajar aportando cada cual lo mejor de nuestra experiencia y conocimiento en beneficio de nuestro país. No olvidemos que nadie es tan malo que no quiera lo mejor para su familia ni para sus seres queridos, ni nadie es tan bueno que no haya cometido alguna vez un acto de abuso o no tenga algo de que arrepentirse. -RDS


"Participación Ciudadana más Inteligente, Inclusiva e Informada"

"Participación Ciudadana para el fortalecimiento de la Gestión de las Organizaciones Sociales y Comunitarias"

"Participación Ciudadana en la Gestión y la Fiscalización del Estado"



sábado, 24 de julio de 2021

¿Vivimos en un País Pobre?

 

¿Vivimos en un País Pobre?

"Qué nadie te confunda, una cosa es querer estar en mejores condiciones y exigir un mayor emparejamiento de la cancha para todos y otra muy distinta es querer destruir lo que con trabajo, esfuerzo y lucha social de las generaciones anteriores se ha logrado construir para todos nosotros." 

En Chile hay pobreza qué duda cabe. Al igual que la hay en todos los países del mundo. Obviamente, los hay con mayor y con menor pobreza que el nuestro, y es el desafío de todo gobierno sensato reducirla y ojalá eliminarla de su territorio, lo cual, por supuesto, es imposible, aunque haya quienes digan que tienen la fórmula para lograrlo. Lamentablemente, su afirmación es sólo la estrategia para asaltar la buena fe de personas ignorantes y desesperadas y así llegar al poder, en donde por supuesto, no pueden cumplir su promesa. 

Por ejemplo, Argentina, Cuba y Venezuela, antes de caer en manos de gobiernos populistas y mentirosos, eran países muchísimo más ricos y poderosos que Chile en su mejor momento. Sin embargo, hoy son países cuya población está más empobrecida, mucha de ella crece en el exilio y al interior sus habitantes no reciben lo básico y ni siquiera el mínimo que hoy reciben los chilenos y carecen de todo lo que les sobraba en el pasado. Todas las personas mayores de edad en esos países recuerdan con nostalgia un pasado que fue abundante y lleno de gloria y que hoy añoran para sus hijos y para sus nietos, porque ellos jamás lo volverán a tener...

De todas maneras, con todo lo pobre que creamos que puede ser Chile, nadie se muere de hambre, ni siquiera los que voluntariamente hacen huelga de hambre, aunque parezca extraño. En la crisis sanitaria provocada por la pandemia del COVID-19, gracias a la actitud solidaria de los chilenos, se dice que hay personas que se dan el lujo de llamar a quienes presiden las "Ollas Comunes" para preguntarles, cuál es el menú. Qué nadie te confunda, una cosa es querer estar en mejores condiciones y exigir un mayor emparejamiento de la cancha para todos y otra muy distinta es querer destruir lo que con trabajo, esfuerzo y lucha social de las generaciones anteriores se ha logrado construir para todos nosotros. Debemos seguir ascendiendo, pero sobre las bases que construyeron nuestros padres y abuelos. RDS

 "Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más y mejor Informada"

"Participación Ciudadana para el fortalecimiento de la Gestión de las Organizaciones Sociales y Comunitarias"

"Participación Ciudadana para la Gestión y la Fiscalización Pública"


sábado, 24 de octubre de 2020

¡Fuerza Chile!

Mañana es el plebiscito y hay más expectativa por el comportamiento de la gente después del resultado, que con el resultado mismo. 

Chile vive momentos muy complejos. Observo que hay mucha rabia, mucho odio acumulado. Me parece que no se trata ni de la riqueza ni de la pobreza. Da lo mismo el resultado. Hay algo más profundo, que creo sólo puede tener solución después de una catarsis nacional. 

La dirigencia política, empresarial, religiosa, académica, social,... parecen haberse coludido para decepcionarnos. Hemos perdido la fe y la confianza en todo. Hasta las nuevas generaciones que llegaron al poder, en medio de luchas y movimientos sociales,  nos han decepcionado. Con los milenials ya perdimos todo contacto y la pandemia vino a consolidar esta relación que sólo ha sido distante y digital. 

El país está tremendamente polarizado y terriblemente atrincherado. Es temerario salir a la calle con la camiseta del equipo de fútbol de preferencia y da pánico expresar públicamente lo que pensamos. Mis dedos cada vez tiemblan más cuando escribo lo que pienso y mi familia no deja de preocuparse. Tal vez deba dejar de escribir y de pensar, porque hay personas que están convencidas que con la violencia pueden conseguir lo que quieren gracias a que pertenecemos a un Estado que prefiere "mirar pal'lado". 

Por lo anterior, no deberíamos, seguir tan preocupados de lo que queremos del Estado, sino de lo que debemos hacer para recuperar la confianza en nuestros dirigentes y en las instituciones, y en este sentido, sólo se me ocurre perseverar en promover y fortalecer una Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más y mejor Informada. 

Necesitamos una ciudadanía moderna,  civilizada y empoderada con mecanismos de participación pacíficos y democráticos que contribuyan a desentrampar la clase política, para que dejen de ponerse trabas, obstruirse, demorar y paralizar la solución de los problemas sociales que ellos muy bien conocen y que sus comunidades también padecen. Porque no importa lo que prometan quienes llegan al poder, sino que cumplan lo prometido. Ya no importa si solidarizan con los problemas sociales, sino cuándo y cómo los van a solucionar. 

El único grito que debería conmovernos y hacer que permanezca en la mente de la clase política después del 18-O es: "¡NO SON TREINTA PESOS, SON TREINTA AÑOS! - RDS

domingo, 11 de octubre de 2020

¡La Democracia está en Peligro!


"La Democracia está en peligro, no porque en sí misma sea un mal sistema para vivir en paz y armonía dentro de una sociedad, sino porque los representantes de los ciudadanos a cargo de los poderes y las instituciones del Estado, han abusado de ella y han quebrado la confianza de la nación. En este sentido, el problema no es la Democracia, sino quienes han abusado del poder que se les ha entregado o delegado."


Doloroso ha sido saber que algunos que han llegado al poder en el último tiempo, personas independientes y jóvenes dirigentes sociales, enarbolando las banderas en favAsassaqqaqor de la justicia social y en contra de la corrupción y el abuso del poder, se hayan mimetizado con la clase política desprestigiada y hoy no tengan ninguna vergüenza en pedir "perdonazos" para quienes sin derecho e ilegalmente, se apropiaron de los bonos destinados a personas y familias vulnerables. ¡Es inaceptable la excusa del empate, tal como lo es la de la venganza, porque el dolor y el sufrimiento son incomparables y nos lleva a una espiral de odio de la cual es muy difícil salir! 

La solución debe ser ejercer un mayor seguimiento y control a las actuaciones de quienes elegimos, y aunque suene paradójico, esto es posible conseguir, siempre y cuando tengamos instituciones confiables y capaces de ejercer con autonomía la labor fiscalizadora que les corresponde. Ahora bien, como la corrupción, el abuso del poder y la codicia es transversal y a contaminado también a las instituciones fiscalizadoras, corresponde a la ciudadanía permanecer atenta para intervenir y asumir la tarea de exigir cumplimiento de deberes y probidad a la clase política y dirigente del país. Algo que la ciudadanía hace desde los movimientos sociales y la protesta. Con ayuda, en algunas oportunidades, con la investigación de medios de comunicación. Pero, esa estrategia debe revisarse, porque al final de cada manifestación pública, es poco o nada lo que se consigue y, por el contrario, cada vez es más lo que se pierde, en vidas, seguridad, trabajo, fuentes de ingreso, infraestructura y espacios públicos y privados. Una lucha callejera que hace los pobres más pobres y los ricos más ricos, en donde la rabia y la polarización aumentan. Esa al menos es la conclusión que se puede sacar, desde el estallido social de octubre hasta el día de hoy.

Por lo anterior, es el momento de tener más y mejores Mecanismos Democráticos de Participación Ciudadana, que separen a las personas sensatas de la lucha callejera, que es un espacio que se han tomado los violentos, los vándalos y los delincuentes, cuyos crímenes desvían la atención y deslegitiman las demandas sociales. Sólo sirven para la crónica roja y como base del discurso de populistas, manipuladores y nefastos líderes. Porque eso está claro como el agua: siempre son los nefastos líderes opositores los que manipulan y se benefician de una masa ignorante, minoritaria y violenta que hoy protestan para un bando, cuando antes lo hicieron para el otro.

Finalmente, para quienes han visto con preocupación la experiencia de la Participación Ciudadana en otros países Latinoamericanos. A ellos les digo que la Democracia Participativa no le quita poder a los Representantes, sino que vela por un ejercicio honesto y de calidad de la política,  buscando recuperar y mantener la credibilidad y la confianza en la Democracia Representativa. Se trata de entregarle a la ciudadanía alternativas democráticas, efectivas y pacíficas para expresar su malestar y exigir la actuación oportuna de las instituciones frente a las decisiones y comportamientos indebidos de la autoridad.

Es posible que quienes hoy pretenden manipular la ciudadanía y se aprovechan de los más vulnerables, igual pretendan aprovecharse, haciendo un mal uso de los nuevos Instrumentos de Participación Ciudadana. Pero, esta dolosa actitud no debe ser lo único más preocupante que lo que hoy tenemos. Además, está la convicción que siempre es mejor perseverar en resolver los problemas por medios pacíficos y no por medios violentos. Debemos mantener el compromiso de promover y perseverar en una estrategia de formación que aumente en el país una Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más y mejor Informada.

No olvidar que el común denominador de lo que puede denominarse experiencia negativa de la democracia participativa en Latinoamérica, está justamente en la falta de formación ciudadana en el conocimiento y el uso adecuado de los Mecanismos de Participación Ciudadana. Permítanme la comparación: Les entregaron un conjunto de implementos para pescar, pero nadie o muy pocos saben pescar y tampoco hay mucha preocupación de quienes tienen la obligación,  como los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, de ayudarles a superar carencia. RDS

lunes, 24 de agosto de 2020

Nueva Constitución. Pero, no a Cualquier Costo

  "Sabemos que los problemas de Chile son políticos y por lo tanto se necesita voluntad política. Políticos con voluntad. Una clase política noble y honorable para resolverlos. Los marcos legales son importantes, pero jamás reemplazarán las intenciones de quienes tienen el deber y la responsabilidad de dirigir y orientar los destinos del país." 

 

Ninguna persona sensata, preocupada por el futuro del país y que además crea que necesitamos de una participación ciudadana más inteligente, más inclusiva y más y mejor informada, debe ser indiferente al plebiscito por una nueva Constitución que está convocado para el 25 de octubre. Porque ya no se discute si se hará o no, sino cuándo se hará, y la fecha del 25 de octubre parece inmodificable para los más ansiosos.

En esa dirección, a partir del próximo miércoles, las campañas deben concentrarse en conseguir el mayor número de votos para su opción: "Apruebo" o "Rechazo", porque la abstención es el peor resultado para quienes apuestan por una u otra, toda vez que no tendrá mucho sentido gastarse cientos de millones de pesos en plena crisis sanitaria, social y económica, para realizar un plebiscito que cambie una Constitución por considerarse "ilegitima," por otra que también puede resultar "ilegitima"  si no logra convocar a una importante mayoría de chilenos.

El país está dividido y la preocupación debería ser la unión y no la radicalización ni la imposición de un modelo por otro, que sólo profundizaría el odio entre los chilenos y eternizará la alternancia del abuso del poder y la violencia.

La pandemia del COVID-19 no es culpa de ningún chileno, pero sobrevivir a ella y contribuir al menor número de contagiados y fallecidos, es responsabilidad, principalmente, del Estado y la clase política. Lamentablemente de un Estado débil y de una clase política percibida por la ciudadanía como incompetente y carente de credibilidad que, sin embargo, ahora tiene una enorme oportunidad de hacer bien las cosas, por lo menos esta vez, pensando en el interés general de Chile y los chilenos y no de sus particulares y mezquinos intereses. De nada servirá una nueva Constitución arrancada del lecho de pacientes enfermos, ni de ciudadanos en cuarentena y en riesgo, con temor a perder su vida.

Para quienes argumentan la "imperiosa" necesidad del plebiscito y el "ahora ya", quisiera que reflexionaran y se dieran cuenta que la ansiedad y el apuro, pueden ser contraproducentes y revertir la confianza de quienes ya hemos "comprado" la idea de un cambio de Constitución, especialmente cuando vemos que los promotores cada vez ponen menos interés en la legitimidad que debe tener el proceso con una mayor participación ciudadana. No se ve bien, que ya no les importe el porcentaje de abstención que probablemente tendrá el plebiscito, si se realiza a todo evento en tiempo de pandemia, sin vacuna y sin disminución del volumen de contagios.

Chile puede sobrevivir un año más sin plebiscito constitucional, así como a otro proceso electoral de parlamentarios y gobernantes, elegidos con poca votación, sin entusiasmo ni credibilidad, porque este proceso no necesita postergarse. Pero, será inaceptable obtener un resultado para cambiar la Constitución, forzando un proceso para que lo único que cambie sean las aspiraciones de las élites opositoras.   

Con tristeza, hemos comprobado durante la actual crisis, que la falta de voluntad política para solucionar los problemas y construir una sociedad más justa e igualitaria, es más grande que el marco legal y constitucional que tenemos en el país. De hecho, se han realizado tres reformas constitucionales y los ciudadanos comenzamos a preguntarnos con sospecha: ¿Por qué no ha sido posible realizar los cambios que prioritariamente reclama el país desde hace tantos años?

Sabemos que los problemas de Chile son políticos y por lo tanto se necesita voluntad política. Políticos con voluntad. Una clase política noble y honorable para resolverlos. Los marcos legales son importantes, pero jamás reemplazarán las intenciones de quienes tienen el deber y la responsabilidad de dirigir y orientar los destinos del país. 

Una nueva Constitución e incluso un nuevo proceso constituyente en el siglo XXI, sin una participación ciudadana masiva y comprometida, de nada servirá y sólo pasará a la historia como otra grosera y costosa petición de la clase política a la ciudadanía. Son muchos millones de pesos para las campañas, sin contar los costos directos del proceso. Está vez, en tiempos de grave crisis y cuando a todos los chilenos se les pide austeridad y hacen los más grandes sacrificios. ¡Qué horror! RDS

viernes, 14 de agosto de 2020

Carta Abierta a los Candidatos a la Directiva Nacional, Directivas Regionales y Consejeros Regionales de Evópoli 2020


"El camino correcto para solucionar los problemas, sigue siendo el diálogo. Pero, uno honesto y con real voluntad de llegar a acuerdos. La única autoridad que podrá imponerse en todo el territorio nacional, capaz de hacer respetar el Estado de Derecho, es la autoridad moral de quienes nos gobiernen y representen."  


Al igual que todos ustedes milito en el partido y aunque en esta oportunidad no me postulé para ningún cargo, quiero reconocer el esfuerzo y sacrificio que esto representa para cada uno. Aquí no hay dinero de por medio. Sólo vocación de servicio y seguramente alguna legítima aspiración a formar parte, en el futuro, de un centro de decisión política en el país o de algún órgano de gobierno.

Dicho lo anterior, no quisiera perder esta oportunidad para compartir, con humildad y respeto, algunas reflexiones, en momentos en que todos los candidatos han tenido la oportunidad de darse a conocer y de compartir sus ideales e intenciones, reciban o no el apoyo de las mayorías.

Hoy me duele Chile y quienes me conocen saben muy bien que lo digo de corazón. Nuestro país está atravesando por uno de los momentos más difíciles de su historia. No se trata solamente de la crisis sanitaria, que también padece el resto de países del planeta que, además arrastran una crisis social y económica, con consecuencias que todavía desconocemos o no dimensionamos. Tenemos una crisis de liderazgo y de pérdida de la credibilidad y la confianza, que atraviesan prácticamente todas las instituciones del Estado, el mundo social, religioso, académico y empresarial.

Por ello, quienes buscan ocupar posiciones de liderazgo en estos momentos, como ustedes aspiran, merecen toda mi admiración y respeto, porque no tienen una tarea fácil. Todo, absolutamente todo estará en contra. Se requiere mucho coraje y mucho amor a la Patria para iniciar esta aventura. Sin embargo, no tengo dudas que de eso hay y sobra en Evópoli. Necesitarán estar unidos y una vez que termine el proceso electoral, deben pasar la página de la contienda y cerrar filas alrededor de los ganadores, si así se les puede llamar a quienes tendrán la difícil misión de conducir los destinos del partido en los próximos inciertos años que nos esperan.

Sin embargo, tengo la corazonada que hay una fórmula que sacará adelante nuestro país y mantendrá fuerte el partido, y que sólo ustedes pueden aplicar desde sus diferentes posiciones, con el apoyo de quienes ocupan cargos de representación y de gobierno, y por supuesto de los militantes y simpatizantes. Se trata de mantenernos firmes contra el abuso del poder y la corrupción, para preservar la confianza y la credibilidad que tiene la gente, en quienes forman parte de esta tienda. Mantener con altura la discusión sobre las diferencias de opinión, recordando que Evópoli es un partido liberal. Además, tolerante y eso no debe ser una simple declaración de principios, sino una actitud de vida.

El plebiscito por una nueva Constitución, tiene tantos argumentos a favor como en contra. No nos perdamos en la “pelea chica”. Demos rienda suelta a nuestros argumentos para que gane nuestra opción, al tiempo que nos preparamos, con inteligencia y sabiduría. Sin rencores, para enfrentar la voluntad de las mayorías, que siempre será en favor de Chile y los chilenos. Hay temas que se deben revisar y hacernos los desentendidos, no ayudará a cambiar la percepción de la mayoría de los ciudadanos.

Debemos mantenernos firmes contra la violencia en todas sus formas y cualquiera sea su origen. La violencia es el chivo expiatorio e instrumento de oportunistas, falsos líderes y mercaderes de armas. Estos personajes siempre estarán incentivándola para mantener sus ganancias y alcanzar sus mezquinos objetivos, que nunca son para beneficio social o colectivo, sino particular o de pequeñas camarillas. Es una estrategia antigua y universal que la gran mayoría de las personas no queremos ni buscamos, pero que siempre está presente por la voluntad y la acción de mentes egoístas y criminales, con capacidad para mover minorías desubicadas o desesperadas. El camino correcto para solucionar los problemas, sigue siendo el diálogo. Pero, uno honesto y con real voluntad de llegar a acuerdos. La única autoridad que podrá imponerse en todo el territorio nacional, capaz de hacer respetar el Estado de Derecho, es la autoridad moral de quienes nos gobiernen y representen.   

Chile necesita un liderazgo fuerte, convocante, dialogante e influyente, que sólo es posible tener con un trabajo responsable, coherente y honesto. El que debemos comprometernos a desarrollar y cuidar todos, especialmente quienes salgan elegidos.

Ser un líder o un dirigente social, como ustedes pretenden serlo, es un gran desafío.  Es más difícil e incluso peligroso serlo hoy día. Por ello, es fundamental permanecer unidos y estar acompañados de una base social que cada vez debe ser más numerosa, consciente y comprometida con lo que se hace.  Creo que ese ha sido el sentido de quienes muy sabiamente, han promovido la existencia y fortalecimiento de los Líderes Descomunales, donde muchos de ustedes orgullosamente también forman parte.

Tengan siempre presente no abandonar las bases. El objetivo no debe ser solamente ganar las elecciones, ese sólo es el comienzo de un gran trabajo que debe elevar y potenciar las Causas Sociales, que es otro acierto del partido, para ir en ayuda de las comunidades, y para hacer realidad el ejercicio de una participación ciudadana más inteligente, más inclusiva y más o mejor informada, que debemos promover y extender a todos los rincones de nuestro país, hasta llegar con nuestra presencia a todas y cada una de las organizaciones de la sociedad civil, que trabajan sin descanso, sin recursos y sin apoyo suficiente de nuestro país, porque es allí en donde se ven los frutos del trabajo social y de preocupación por los demás.

Muchos éxitos y no olviden que no están solos. Celebraremos sus aciertos y su entrega honesta. RDS

 

Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más y mejor Informada

miércoles, 5 de agosto de 2020

FORMACIÓN PARA LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”

A.      Einstein

 

Esta es una invitación a trabajar en un proyecto de formación ciudadana que genere una cultura de participación más inteligente, más inclusiva y más o mejor informada. No es un desafío a corto plazo, tal vez quienes lo impulsemos hoy no disfrutemos de todos sus beneficios, pero podemos estar seguros que las futuras generaciones recibirán sus frutos y estarán muy agradecidos. Eso es lo importante. A continuación, una exposición de motivos:

Creemos que sin el apoyo de más del 75% de la ciudadanía que emite su voto y con una abstención ciudadana que crece y que está en más del 60%, no tienen mucho sentido hacer ninguna consulta, ni plebiscito y menos un cambio de la Constitución Nacional.

De mantenerse la indiferencia ciudadana en los procesos electorales, por causa del desprestigio de la clase política, ya ni siquiera resulta atractivo un cambio de autoridades de gobierno. Es demasiado alto el costo de un proceso electoral y es inútil, si sólo es para cambiar rostros dentro de la misma clase política.

Los cambios de autoridades de gobierno, con enroque de personajes, siguen siendo una pésima costumbre que debería terminar, porque aumentan el desprestigio de la clase política perpetuando los mismos o favoreciendo unos pocos privilegiados. Hacen un enorme daño a la democracia. Personas que llegan a los centros de decisión por voluntad directa de los partidos políticos y no por decisión de la ciudadanía, siguen siendo un atentado a la democracia.

Tampoco deberíamos continuar permitiendo que la culpa de las malas acciones de las personas, siga recayendo en las instituciones, los programas, los modelos, el Estado o las empresas. Entes sin vida ni accionar propio. La responsabilidad de las buenas o las malas acciones, es siempre de los seres humanos, de las personas de carne y hueso, no de las personas jurídicas, y esto debe decirse fuerte y claro, para combatir de verdad la ineficiencia, la corrupción y el abuso de poder que han permeado prácticamente todas las instituciones del Estado. Es fundamental formar la ciudadanía para que asuma la responsabilidad individual y el autocuidado, por ejemplo, de su salud en estos tiempos de pandemia por Coronavirus. La ciudadanía debe solidarizar y cooperar en la seguridad, el crecimiento y el desarrollo integral, la supervivencia de la comunidad y en la protección de la naturaleza y el medio ambiente. 

Debemos ayudar a salir a las actuales y futuras generaciones de la vieja lucha de clases y la división entre izquierdas y derechas, promoviendo una sociedad más justa, pluralista, cooperativa, solidaria, libre, innovadora y emprendedora. En Chile ya no existe la izquierda ni la derecha como orientación o tendencia ideológico-política.  Sólo hay viejos enemigos. Ancestrales, casi naturales e incondicionales. Todo lo que proponga una persona, tiene el rechazo inmediato y unánime de sus enemigos de siempre. Por ello, son capturadas las ideas, las demandas y las luchas sociales por parte de uno u otro bando, que tampoco las puede sacar adelante porque no cuenta con el respaldo de la mayoría de representantes de la sociedad. Las buenas ideas y políticas públicas terminan bloqueadas o arrinconadas de manera caprichosa, en perjuicio de todos.

Hablar de la importancia de la Participación Ciudadana, es como hablar de la importancia de la Educación. Nadie la cuestiona, todos la mencionan y la reclaman. Todos tenemos algo que decir de ellas. Sin embargo, la pregunta que pocos nos hacemos es: ¿De qué clase de Educación o de Participación Ciudadana estamos hablando? Porque existen muchas clases de ellas. Sobre la Participación Ciudadana, esta puede ser activa o pasiva, de información, de consulta o de resolución, pacífica o violenta, democrática o anárquica, …

Para evitar esta omisión hablamos de una Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más o mejor Informada. Esto es así, porque la Participación Ciudadana debe ser democrática, activa, resolutiva y pacífica, para que contribuya a solucionar los problemas sociales y ayude al crecimiento y desarrollo de las personas, sus familias y sus comunidades, y entendemos la Participación Ciudadana como el compromiso voluntario y consciente, que declara públicamente un ciudadano, de ayudar en la solución de los problemas sociales, contribuir en la gestión y fiscalización del gobierno local, regional y nacional, denunciar los abusos, y ejercer libre, permanente y oportunamente sus derechos políticos y constitucionales, a través de mecanismos de participación democráticos y pacíficos.

Una razón adicional que nos motiva a perseverar en la generación de una cultura de Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más o mejor Informada, tiene que ver con la necesidad de combatir la creencia equivocada de una buena parte de la ciudadanía en teorías conspirativas, que la lleva a pensar en el manejo del mundo por la decisión planificada y coordinada de una pequeña élite que está moviendo a su antojo los hilos de la humanidad y en donde las personas comunes y corrientes, no tenemos ninguna posibilidad de producir algún cambio. Esta misma creencia es la que nos lleva a tener una actitud de inmovilidad, indiferencia y sumisión, en donde somos más vulnerables y manipulables.

La reactivación de la economía y la recuperación del empleo, requieren de la inversión pública y privada, pero también de la colaboración de la Sociedad Civil y de una Participación Ciudadana Informada, Inteligente e Inclusiva, porque personas sin historia, sin registros, anónimas y clandestinas, son quienes más sufren en las crisis sociales, por la imposibilidad de llegar a ellas con cualquier tipo de ayudas. Debemos aprender a diferenciar la vulnerabilidad de las personas por ignorancia que, por supuesto, necesitan de la sociedad civil para superarla, de la anarquía que nada aporta y que debemos condenar y mantener aislada. No debemos permitir que la desesperación se continúe confundiendo con la ignorancia, como ha ocurrido en el retiro del 10% de los Fondos de Pensión.

Estamos de acuerdo con quienes dicen que, el poder social normalmente pasa inadvertido para el hombre común, que sólo identifica poder en el dinero, el prestigio, la tecnología y la política. En todo el mundo, las masas han experimentado sustantivas mejoras educacionales en el último siglo, pero parece bastante claro que ella no ha generado un aumento en su capacidad de reflexión. Estas son tan permeables, como siempre, a las ideas de «moda». Como dijo un filósofo, las nuevas ideas surgen de unos pocos y se extienden gradualmente hasta llegar a ser el patrimonio de una mayoría que apenas conoce su origen.

Nuestra democracia chilena está en crisis porque la clase política perdió credibilidad y confianza. Por ello la solución no está en el cambio de unos políticos por otros, sean de derecha, izquierda o independientes, porque es la "clase" la que está en crisis, aunque haya algunos políticos excelentes y honrosas excepciones. Lamentablemente, las reiteradas decisiones equivocadas, con signos de egoísmo o indiferencia de muchos parlamentarios, ha dejado la democracia en el grave estado de debilidad y desprestigio en que se encuentra hoy. Tampoco la solución está en cambiar el sistema democrático por la anarquía. Ni es aceptable ni conveniente entregar el poder a militares, ni a empresarios... Entonces, ¿qué hacer?

La respuesta está en rescatar la democracia representativa y fortalecerla. Debemos suministrarle medicina y un tratamiento adecuado. Esa medicina y tratamiento se llama Participación Ciudadana, con Mecanismos Democráticos de Participación, que deben permanecer latentes y activarse cuando los representantes (clase política gobernante o parlamentarios) no estén respondiendo a los compromisos ni demandas ciudadanas...

Por supuesto que no basta con tener los mecanismos, si la ciudadanía no está preparada ni capacitada para utilizarlos. Y este es el desafío y compromiso que debemos realizar de manera masiva, permanente y sistemática desde las organizaciones de la sociedad civil y ésta es la invitación que estamos haciendo.

La Democracia Participativa es la "muleta" que necesita la clase política y los chilenos, para evitar que se derrumbe el Estado de Derecho, la democracia y con ellos el país entero... Si los ciudadanos no hacemos nada por recuperar la democracia de manera civilizada, tendremos que resignarnos a ver que gobernantes y parlamentarios cambien sus agendas, programas y hasta sus principios y valores, por la acción violenta y criminal de minorías manipuladas y aleonadas por políticos y dirigentes nefastos e inescrupulosos.

Queda hecha la invitación para que juntos trabajemos por un mejor país para todos. Sigue a fundescochile en las redes sociales. RDS


lunes, 13 de julio de 2020

¡Después No Digas, Que No Te Lo Dijeron!


"Los ciudadanos tenemos la obligación de retomar la soberanía del país y hacer que se produzca el cambio. La Democracia Representativa está agonizando y antes de que muera para siempre, debemos rescatarla y para ello debemos instalar la Democracia Participativa, que permite la incorporación de un conjunto de mecanismos de Participación Ciudadana para que operen como apoyo y control a la gestión de las autoridades de gobierno y de los representantes. No se trata de cambiar de sistema Democrático, sino de introducir mecanismos de apoyo ciudadano mientras permanezca en la “UCI”*."

Instalaciones del Congreso de Chile en la ciudad de Valparaíso
Son muchas las quejas que los ciudadanos tenemos de quienes nos han gobernado y representado desde que se recuperó la democracia. Por ejemplo, las quejas contra el TRANSANTIAGO y las AFP, para sólo mencionar dos, son responsabilidad ÚNICA y EXCLUSIVA de la ineficiencia de un Estado que sigue capturado por una parte de la clase política, que sigue atrincherada y no tiene quien la pare ni la controle. El nuevo sistema de transporte que se propone, es seguro que recibirá una crítica despiadada y si tuviésemos otro sistema de pensiones, se estarían escuchando las mismas críticas que hoy nos ahogan con el actual sistema. Porque el problema no está en los sistemas, ni en los modelos, ni en las empresas, sino en la clase política, aunque debemos reconocer que no todos los políticos son responsables. Debemos reconocer que hay auténticos políticos y verdaderos servidores públicos, pero son tan pocos o están tan solos o tan asustados, como la gran mayoría de la gente. Es cuestión de repasar desde el origen el conjunto de medidas que ellos mismo han tomado para cada una de estas dos políticas públicas, para ver la forma como las han destruido hasta hacerlas odiar por la ciudadanía.

En general, la clase política que elegimos para que nos gobierne o represente, no se escuchan entre sí, no se respetan y no ceden a sus creencias, muchas de ellas fracasadas o en desuso. Los debates no existen, son una burla, son discursos al viento. Hablan y hablan, únicamente para dejar constancia de su inútil presencia en los centros de decisión, que poco o nada positivo deciden.

Son más de 30 años destruyendo el legado de sus opositores, sin importar lo bueno o malo que haya sido. Son más de 30 años poniéndose zancadilla y obstruyendo a quien gobierna. Ya ni siquiera se preocupan en elaborar una propuesta para disminuir la desigualdad o combatir la injusticia social, sólo se preocupan de buscar fórmulas para desacreditar a sus adversarios y ganar popularidad. El bullyng es la nueva estrategia que le ganó a la inteligencia y las RRSS, el arma barata en manos de una sociedad dormida y sado-masoquista.

Es falso que en Chile haya habido un modelo neoliberal, social-demócrata o de bienestar, capitalista o socialista, instalado por algún régimen o gobierno en algún momento de su historia. Solo han sido intenciones, porque jamás será posible instalar algo en Chile, mientras exista el tipo de clase política que tenemos hoy. Una clase política mediocre, arrogante, egoísta y codiciosa. Algunos ya no tienen ni vergüenza al vestir de payasos ni al dejar entrever su actitud oportunista y de “mala leche” en estos momentos de grave crisis sanitaria, social y económica. Todo les sirve para alimentar el morbo de una sociedad que, paradójicamente, hace tiempo perdió la confianza y la credibilidad en ellos.

Son ellos, la mayoría de la actual clase política chilena y nadie más, el origen y la causa de TODOS los problemas sociales que nos aquejan y que por décadas arrastramos. Son ellos los que debemos cambiar y darles un nuevo mandato, de lo contrario nos llevarán al caos, tal como están a punto de hacerlo y en donde las consecuencias son impredecibles.

En la vida diaria o cotidiana las personas sabemos que los problemas son “pan de todos los días” y que tienen muchas formas de enfrentarse y de lograr para ellos una solución. Lo que resulta inaceptable, es que la clase política chilena, formada por un grupo de privilegiados elegidos por todos nosotros, haga de cada problema una “catástrofe nacional” y no un desafío para su inteligencia y una oportunidad para construir con sus pares un mejor país para todos. Su actitud conflictiva y obstruccionista se ha vuelto tan frecuente, que ya forma parte de su comportamiento natural, por eso un “Acuerdo Nacional”, es para el resto del país motivo de admiración y celebración, cuando debería ser lo más común y no lo excepcional.

Saltarse el Estado de Derecho, violar los acuerdos y toda clase de reglas, manipular la angustia de los ciudadanos y agrandar los problemas, es algo que como ciudadanos no debemos seguir aceptando.  

La democracia representativa, que se presenta como la forma más eficiente de democracia para avanzar y progresar, gracias a la voluntad que debe tener un número pequeño de personas en nombre del mayor número, se transformó en Chile en la peor estrategia. En donde se abandonaron los argumentos y se utilizan armas de toda clase para imponerle las ideas a los demás. Si no vemos muertos en las calles, es porque el “asesinato político” y las amenazas en las redes sociales, todavía les está rindiendo frutos al mandar al ostracismo a quienes se les interpone en su camino.

Por lo anterior, los ciudadanos tenemos la obligación de retomar la soberanía del país y hacer que se produzca el cambio. La Democracia Representativa está agonizando y antes de que muera para siempre, debemos rescatarla y para ello debemos instalar la Democracia Participativa, que permite la incorporación de un conjunto de mecanismos de Participación Ciudadana para que operen como apoyo y control a la gestión de las autoridades de gobierno y de los representantes. No se trata de cambiar de sistema Democrático, sino de introducir mecanismos de apoyo ciudadano mientras permanezca en la “UCI”. Se trata de recortarle el poder y sus privilegios a la clase política, hasta cuando recuperen la confianza y la credibilidad de la gente. En adelante, es importante ejercer un control permanente a la gestión que realizan para que no se vuelvan a “descarrilar” o se olviden de la misión que tienen que cumplir en beneficio de la TOTALIDAD de los habitantes de este territorio llamado Chile.

Debemos tener la certeza que no nos vamos a perder si promovemos una Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más Informada, para salir de este "círculo vicioso" que por décadas nos tiene viviendo en un constante "dejá vú". La participación ciudadana de hoy, aunque mayoritaria, es precaria y poco efectiva, porque sólo se expresa en las calles en donde se filtra el anarquismo y la delincuencia, simulando solidaridad con las causas sociales, pero dejando a su paso una estela de destrucción y vandalismo, que solo profundiza nuestras desgracias, las diferencias que nos aleja unos de otros, porque ese empoderamiento y expresión de masas, carece de instrumentos civilizados, legales y efectivos, como la Iniciativa Legislativa Popular, El Referendum Revocatorio, el Plebiscito Vinculante, el Silencio Administrativo Positivo, el Voto Programático y la Veedurías Ciudadanas, para que se logren los cambios que se necesitan. La sola existencia de estos mecanismos de Participación Ciudadana, servirá para que la clase política cumpla su rol y recupere la confianza y seriedad que necesita para actuar sin cobardía, con inteligencia y en el interés de todos. Porque si ellos no se ponen de acuerdo… ¡Lo haremos nosotros!

No nos engañemos: la clase política que tenemos también ha sido superada por una minoría criminal, destructiva y vandálica, "aleonada" por nefastos líderes. Una minoría que lamentablemente, ellos mismos han avalado con sus voces destempladas y su silencio cómplice. Una minoría criminal que ha servido históricamente, a los bandos opositores radicales y a otros grupos minoritarios, que la utilizan para imponer sus demandas, intentar derrocar al gobierno de turno o imponerle su agenda. Más lamentable y hasta perverso, es confirmar que además, por la ignorancia de mucha de nuestra gente, ésta minoría casi "mercenaria", es el "mal necesario" que algunos políticos oportunistas, de lado y lado, utilizan para intentar hacerse del poder por la vía del discurso fácil e instalar sus ideologías radicales o posturas extremas y segregacionistas.

La pregunta que espero de quienes han llegado hasta aquí en la lectura es: ¿Cómo lo hacemos? Y la respuesta es a través de las Organizaciones Sociales y Comunitarias. Más de 300 mil organizaciones de la sociedad civil que se distribuyen a todo lo largo y ancho del país, cumpliendo en su mayoría tareas que el Estado, por cualquier circunstancia, no puede atender, son las llamadas a promover junto a la solidaridad y la cooperación, una cultura de Participación Ciudadana más Inteligente, más Inclusiva y más Informada. Conocer las características y los instrumentos de la Democracia Participativa. Aprender de la experiencia internacional, entendiendo que no será un proceso fácil ni rápido de instalar, pero que bien vale la pena iniciar su construcción, para dejarla como un legado a las futuras generaciones, que deberán tener gobiernos y una clase política de la cual sentirse orgullosos. RDS
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*UCI: Unidad de Cuidados Intensivos

jueves, 9 de mayo de 2019

El Desafío de Querer a los Mejores


Una reforma legal (laboral, salud, educación, pensiones, ...), debería ser motivo de alegría también para las Organizaciones Sociales, porque significa preocupación por un tema de interés social, por parte de las autoridades y es una oportunidad para avanzar en soluciones, beneficios y en derechos; aunque esta claro que, existiendo tantos intereses, es un desafío a la inteligencia y creatividad de los líderes y dirigentes sociales, especialmente para aquellos que en representación de los ciudadanos, de intereses políticos, sectoriales y/o territoriales, deben sentarse a defenderlos. Restarse, es negarse la oportunidad de avanzar y negársela a sus representados. En el fondo, es una demostración de incapacidad y desconocimiento del juego de la política y del significado de la democracia.

El mundo está cambiando a una velocidad cada vez mayor y la sociedad demanda tener representantes, líderes y dirigentes sociales capaces de adaptarse con rapidez y con mentalidad abierta y despojados de ideologías fracasadas o fuera de tiempo. Qué entiendan que los únicos enemigos de una sociedad son la corrupción y el abuso del poder, que hacen imposible el ejercicio y alcance de la justicia social.

Recordar que en política nadie pierde. Esto se escucha decir muchas veces y es cierto, porque no es un juego de suma cero. Todos podemos ganar. Es posible ganar más o menos que el adversario. Pero, jamás se pierde. Todo depende de la capacidad negociadora de los representantes. Aunque hay quienes por su exacerbada cultura de ambición y egoísmo, siempre consideraran una perdida el ganar o el avanzar poco.

Es fundamental que los ciudadanos perseveremos en tener buenos negociadores, buenos representantes en los centros de decisión y de poder del Estado a nivel nacional, regional y local, porque es aquí en donde como ciudadanos nos hemos equivocado muchas veces, es cuestión de dar una mirada al talento de quienes, por ejemplo, conforman el Senado o la Cámara de Diputados. Algunos, llegan a dar vergüenza y lo peor, es que ellos parecen disfrutarlo, en lugar de preocuparse por superarse a sí mismos, porque la sociedad y sus representados se estancan y muchas veces retroceden por su actitud, ignorancia y terquedad.

La democracia les da el derecho a las mayorías de gobernar, de liderar una propuesta o programa de gobierno, que debe reflejarse en políticas públicas y en leyes que, de todas maneras, deben validarse por otras fuerzas o poderes del Estado y la sociedad, en donde, no pocas veces, están los mismos aliados. Por ello, se requiere de mucha inteligencia, humildad y sensatez de quienes nos gobiernan y representan. Inteligencia para leer las demandas y prioridades de los ciudadanos, entender que un adversario no es un enemigo y que las respuestas deben cubrir la mayor parte del tiempo y del espacio, sin poner en peligro la economía del país ni la estabilidad del Estado. Humildad para reconocer que nunca se tienen todas las respuestas ni fórmulas de solución a los problemas y que por ello es importante escuchar los adversarios, pero por sobre todo escuchar los ciudadanos. Sensatez, para entender que los intereses de los adversarios, generalmente, representan demandas colectivas, que estos utilizarán en las mesas de negociación porque, ni la aprobación, ni la implementación de propuesta alguna, estará exenta de negociaciones, en donde todo debe transcurrir dentro de los principios y valores que han declarado y dicen promover los negociadores. Jamás a la obstrucción, a la trinchera y a la negación. Tampoco a la arrogancia, a la inconsecuencia y a la necedad.

A esta altura de los avances de la política y la democracia chilena, debemos estar preocupados de la actitud y las competencias de quienes nos representan en los órganos del Estado, porque no siendo la inteligencia, la humildad ni la sensatez el común denominador de quienes nos representan, no dará lo mismo con quién se discuta una política pública o un proyecto de ley, pudiendo resultar inciertas las decisiones que se toman en las comisiones o plenarias de un centro de decisión. Por ello, quienes nos representen deben estar cada vez más preparados en los temas de Estado, en las demandas ciudadanas, en las estrategias de negociación y en los principios y valores que declaran.  Es importante tener una visión clara del individuo, la sociedad y el Estado, y de la forma como deben relacionarse entre sí... 

Antes que se derrumbe la democracia representativa, es imperativo volver a la buena política, si alguna vez ha existido o se deberá construir una. Ésta también será un bonito desafío, que alguien debe asumir y ese alguien, incluye a las Organizaciones Sociales, cantera de líderes, que están en permanente contacto con la ciudadanía y sus necesidades. RDS

martes, 9 de octubre de 2018

Elecciones en Brasil y el Duro Golpe a la Corrupción y al Abuso del Poder en América Latina

De ninguna manera considero a Jair Bolsonaro la mejor opción para la presidencia de Brasil. Pero, sí creo que los brasileros, al igual que los ciudadanos de otros países de América, están votando por la opción menos mala. Se está haciendo costumbre votar no  a favor de un programa o de un candidato, sino contra un candidato que la ciudadanía considera nefasto para el país. Es contra la corrupción, el abuso del poder, la injusticia social y la incompetencia. Las plagas de la humanidad. Los únicos, transversales y grandes enemigos que hoy tiene Latinoamérica.

Mi punto de vista es que por siglos muchos países han estado a merced de los ganadores de una permanente lucha por el poder que se disputan fuerzas políticas con una estrategia de campaña populista, que promete combatir esas plagas y solucionar todos los problemas. Pero, al final de cada gobierno el balance sigue siendo pobre o insuficiente. Es poco lo que se avanza. Las promesas de campaña quedan en nada y el resultado al final deja al descubierto el objetivo real: el Estado como botín a repartir entre los más leales... 

Adicionalmente, observo con preocupación que algunas fuerzas políticas autodenominadas o reconocidas como de izquierda o progresistas en Latinoamérica, que finalmente y después de una larga lucha han llegado al poder por la vía democrática y enarbolando las banderas contra la corrupción, el abuso del poder, la injusticia social y la incompetencia, han demostrado ser más corruptos, abusadores y peores gobernantes que quienes han sucedido en el poder. Más grave aún, han empeorado la situación económica de los países que mal-gobiernan, han profundizado las diferencias sociales, han llevado la población al límite de la guerra civil y han provocado una crisis humanitaria en la región; y no pocos lideres han logrado su permanencia en el poder con practicas antidemocráticas, dictatoriales y genocidas...

Está claro, que en estos casos habiendo sido peor el remedio que la enfermedad, la ciudadanía ha venido castigando a las izquierdas progresistas, como en Argentina, Perú, Colombia, Ecuador, Chile y ahora en Brasil. Se sostienen todavía en el poder los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Cuba, no por democráticos y prósperos, sino porque los mal-gobernantes de esos países secuestraron la democracia, exterminaron la oposición y obligaron al exilio a una inmensa parte de la población... Ahora, estamos pendientes de la segunda vuelta en Brasil, la que creo perderá la izquierda y en Bolivia creo que también caerá el corrupto y mentiroso de Evo Morales...

Pero, no debemos conformarnos y menos alegrarnos por estos cambios en el poder que en algunos países pueden significar la alternancia de ideologías extremas y la continuación de la corrupción y el abuso del poder. Por todo ello, confío en que más temprano que tarde, todos los ciudadanos sensatos emprendamos el camino para el ejercicio de una democracia más consciente e inteligente, en donde sin renunciar a nuestras creencias políticas, económicas, ni religiosas, nos unamos en una cruzada contra la corrupción, el abuso del poder, la injusticia social y la incompetencia. Proponiendo y exigiendo la candidatura de los mejores, para que lleguen al poder los más honestos y competentes. 

Debemos trascender como sociedad y salir de la era de "piedra y el garrote", haciendo uso de manera inteligente de las conquistas democráticas y de los Instrumentos de Participación Ciudadana.