sábado, 11 de abril de 2026

Ximena Lincolao: El espejo roto

Rafael Gumucio
10 de Abril del 2026
"La agresión a Ximena Lincolao no es solo violencia, sino también un discurso. Nos dice que los mapuches pueden ser una causa noble que se defiende todo el año, pero una ministra mapuche es una ofensa, por ser ministra y por ser mapuche. Nos dice que la lucha de clases es una bandera hasta que llega alguien que la ganó."
***
De todos los enemigos que podemos llegar a tener, el más invencible y pertinaz es siempre el espejo. Este suele decirnos verdades que no queremos asumir sobre nosotros mismos. Nos muestra lo que somos y no nos gusta ser. Aunque otras veces hace algo peor: nos muestra lo que no somos, lo que pudimos ser y ya no seremos.

Este odio ante el espejo es lo único que puede explicar la agresión brutal y ciega de la que fue víctima esta semana la ministra de Ciencias Ximena Lincolao en la Universidad Austral de Valdivia. Los que la agredieron eran estudiantes de una universidad de provincia, de origen desfavorecido. Seguramente más de alguno de origen mapuche.

Ximena Lincolao es exactamente todo eso: una mujer de origen mapuche, que no viene de ningún tipo de élite y que llegó a ser quien es estudiando en una universidad de provincia, en su caso La Serena.

La primera parte de la vida de Ximena Lincolao es un perfecto reflejo de la vida de los que la agredieron salvajemente. Profesora de castellano y filosofía, infancia en la periferia de Santiago, estudios en una universidad más o menos precaria. La segunda parte, la inmigración con todo su dolor pero también con sus oportunidades, la construcción de una nueva carrera desde cero en los Estados Unidos, la absorción total de otra cultura, la del imperio, es para sus agresores una ofensa. Un precio, el precio del éxito, que no están dispuestos a pagar. Un precio que no deberían –si Chile fuese lo que promete ser, si la educación chilena fuese lo que promete ser– tener que pagar.

Porque es difícil no advertir que Ximena Lincolao, aunque habla un correcto castellano, piensa y razona en inglés, o más bien en norteamericano. Llegar a ser quien es, un ejemplo de éxito y de voluntad, de esfuerzo y de audacia (empresaria tecnológica en el corazón tanto de la tecnología como de la empresa), tuvo el precio de la distancia: no solo con sus vínculos sentimentales, sino con gran parte de lo que es su cultura, la mapuche y la chilena. 

Ximena Lincolao es así el ejemplo de que sí se puede, pero el precio que se paga por poder es quizás el que los estudiantes de una universidad desfinanciada, aislada, pauperizada no pueden pagar. Su violencia no es en ningún sentido explicable ni comprensible, porque no solo es ciega sino sorda y sobre todo tonta. Pero para abordarla es esencial entender que no se ejerce contra una ministra que no conocen ni contra un gobierno que no acaba de empezar, sino contra sí mismos. Una violencia que no dice nada y no quiere nada más que gritar “aquí estoy” y también y solo puede estar aquí. No salir, no buscar, solo quedarme aquí.

Ese grito sucede en una universidad que fue alguna vez un modelo. En pleno sur olvidado donde fueron a enseñar Luis Oyarzún y Jorge Millas, es decir lo más cercano que tuvimos jamás a un humanismo plenamente chileno. Intelectuales que llegaron al sur huyendo del fanatismo de la reforma universitaria, de la sordera de los extremos, de la incapacidad de escuchar al otro. En la isla Teja encontraron, o crearon ellos y muchos más, lingüistas, antropólogos, ingenieros, una universidad que mira la calma del río y piensa a su ritmo desde el sur y para el sur.

Todo ese enorme patrimonio cultural es, a pesar del esfuerzo ingente de muchos de sus académicos, en gran parte solo una nostalgia. La universidad está desfinanciada y demasiados de sus alumnos desconocen totalmente su pasado. Peor, no creen tener ningún futuro. Esto no es exclusividad de la Universidad Austral, sino una miseria que comparte con universidades de todas las provincias, incluida la Universidad de Chile. Otras universidades privadas viven la paradoja de tener abundantes recursos y nada demasiado académico en qué gastarlos. 

Los alumnos en casi todas las universidades públicas y privadas responden pruebas estandarizadas, leen resúmenes de resúmenes de libros de bibliotecas que no existen. Caminan por barrios universitarios carentes de teatros, de cines, de salas de concierto, pero llenos a rabiar de botillerías y locales de hotdog y sushipletos.

La esperanza de los mejores de entre los alumnos son las becas fuera de Chile, donde les enseñan lo triste y solo que es su país, exagerando por cierto esa tristeza y esa soledad. En otro idioma, pero sobre todo en otra cultura, aprenden el desprecio por su propio pasado o construyen una visión mitificada de él. Pocos de ellos, como lo hizo Ximena Lincolao saliéndose justamente de la rueda de los post-post-postdoctorados, saldrán del mundo de la educación, ese en que jugamos a enseñar a alumnos que juegan a aprender. Con mucho esfuerzo volverán de donde salieron: el aula y el sonsonete de las quinientas horas semanales del que habla Nicanor Parra.

La violencia, la del lenguaje y la de los gestos, está en todas partes. La ejercen los mandatarios de este mundo sin control; no pueden esperar que no la ejerzan los ciudadanos. Pero la agresión a Ximena Lincolao no es solo violencia, sino también un discurso. Es una manera de ser en el mundo, o de no ser tal vez. Lo que esta violencia dice es que el campus es su territorio y cualquiera que les haga ver la precariedad de este se convierte en su enemigo. Los mapuches pueden ser una causa noble que se defiende todo el año, pero una ministra mapuche es una ofensa, por ser ministra y por ser mapuche. La lucha de clases es una bandera hasta que llega alguien que la ganó. La violencia puede parecer un ataque pero es una defensa desesperada de los que creen su único recurso: la tierra arrasada sobre la que quieren que nada vuelva a crecer.- Rafael Gumucio

miércoles, 25 de febrero de 2026

Una Reflexion sobre la Explosión del Camión de Gas en Renca

    Desde la perspectiva de la gestión de riesgos y la ética de la responsabilidad, la explosión del camión de gas en Renca, fue un accidente que no debe verse simplemente como un "evento desafortunado", sino como el momento en que se puso a prueba, una vez más, la integridad de nuestro compromiso con nuestra vida y la vida de los demás. En este sentido podemos definir y analizar éste y otros accidentes, bajo tres pilares: 

1.- El accidente como un evento "Gestionable":

    Un accidente es una ruptura en el flujo normal de las cosas, pero no es una sorpresa absoluta. Definirlo así implica aceptar que, aunque no sepamos cuándo ocurrirá, sabemos que puede ocurrir.

    La clave es: Si aceptamos la posibilidad del evento, la preparación deja de ser una opción y se convierte en un deber moral. La tragedia se mitiga cuando el impacto choca contra una barrera de planificación previa. Los Bomberos saben muy bien esto.

2.- La "Diligencia Debida" como escudo contra el remordimiento:

     El remordimiento nace de la pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiera hecho X? Para evitarlo, el accidente debe abordarse desde la Diligencia Debida por cada uno de los actores:

* Las Instituciones Públicas: Su éxito no se mide sólo en evitar el accidente, sino en tener protocolos de respuesta robustos y recursos listos.

* Las Empresas Privadas: Su definición de éxito debe incluir la inversión en seguridad por encima de la optimización de costos.

* La Población: La cultura de la prevención (saber qué hacer) transforma a la víctima pasiva en un actor de supervivencia. Los vecinos son los primeros en llegar al lugar de los accidentes, pero pueden ser víctimas, sino están preparados para actuar.

3.- El accidente como "Lección sin Negligencia":

    Podemos definir el accidente ideal (dentro de lo trágico) como aquel donde la falla fue técnica o natural, pero nunca humana por omisión.

     Conclusión: La Paz del Deber Cumplido. En última instancia, el accidente se define como una interrupción inevitable de la vida que nos debe encontrar de pie y preparados. Cuando todos los actores cumplen con su parte, el luto se vive con dignidad. 

    La tristeza es inevitable porque hay una pérdida, pero el remordimiento desaparece porque se tiene la certeza de que no se escatimaron esfuerzos. La sociedad puede sanar más rápido cuando sabe que lo que falló fue la circunstancia, no el corazón ni la voluntad de quienes debían protegerla.

    Para lograr esa paz mental individual y colectiva, que a muchos nos preocupa, para que el dolor no se convierta en culpa, debemos estar preparados para enfrentar la eventualidad de un accidente, una tragedia o una catástrofe.-Rubén Solano

jueves, 12 de febrero de 2026

Oda a Punta Arenas

     Llegamos a Punta Arenas un medio día desde Puerto Natales. Guiados por los dioses, caímos en el Club la Perla del Estrecho, donde el salmón y el calafate sour nos dieron la bienvenida y dejaron muy alta la impronta de la gastronomía y la atención de la región. 

    La Perla del Estrecho, es un restaurante con decoración colorida y abrumadora, donde la magia de la gastronomía se mezcla con imágenes, afiches, artesanías y recuerdos del ayer y hoy de ilustres visitantes. 

     Los fuertes vientos y la lluvia se fueron de vacaciones, dejaron un cielo despejado y la impecable limpieza de sus calles y veredas que invitan a caminar, descubrir y quedarse en la ciudad. 

   Punta Arenas nos roba el corazón con su belleza y calidez de su gente. Gracias a la bienvenida y el regalo de ser parte de su magia y su encanto, la ciudad se transforma en una caja de inagotables sorpresas. 

    Aquí conocimos a Claudia Catrin, nativa encantadora de Puerto Toro, el último pueblo habitado de Magallanes en la Isla Navarino, que apareciendo de la nada y sin más, nos regaló su tiempo y compañía, conduciéndonos por la ciudad con orgullo y alegría. 

   Juntos con ella y mí Rosita, recorrimos la Costanera Magallánica, la Zona Franca, el Monumento al Ovejero y el hermoso Cementerio, donación de Sara Braun para eternizar este pueblo en un bosque de pinos podados y esculpidos como dedales, que tocan el cielo sagrado. 

     La belleza de la ciudad, la pureza del aire, la calidez y generosidad de su gente y el amor por esta tierra, nos dejan sin aliento y el corazón a desbordar en recuerdos imborrables de Punta Arenas. 

    Isla Magdalena, santuario de pingüinos donde la naturaleza muestra su esplendor divino. El Fuerte Bulnes, testigo de la historia, lugar que evoca el pasado y la memoria. Una visita al  Museo Maggoriano y un recorrido por la Cervecería Austral no deben faltar en esta gira. 

    Culminamos estas vacaciones disfrutando de una suculenta centolla que esperamos atrapar por siempre en nuestro paladar. Soñando con Tierra del Fuego y la Antártida chilena, añoramos regresar y acariciando y besando el pie del Indio Patagón, cumplimos y confiamos en su tradición. -Rubén Solano R❤️R

sábado, 7 de febrero de 2026

Oda a la Gente Amable de Puerto Natales

    En tierras de viento y sol, donde la naturaleza es majestuosa y gentil, habita un pueblo noble y cordial, que ama su tierra con pasión y fervor.

   La Patagonia, con su belleza imponente, Torres del Paine, Glaciares, Cueva del Milodón,
el vuelo majestuoso de los cóndores, todo es un canto a la grandeza y la libertad.

   Y en esta tierra de maravillas, la gente es amable, sencilla y generosa, con un corazón tan grande como las montañas, y un espíritu tan libre como el viento.

    Rosita, mi compañera de viaje, comparte conmigo la magia de este lugar, su sonrisa ilumina los paisajes, y su amor hace que todo sea más especial.

    Su gastronomía, un deleite para los sentidos, calafate sour, salmón, centolla, cordero al palo, sabores que evocan la historia y la tradición, un festín para el paladar y el alma.

    Gente de la Patagonia, noble y valiente, que ama su tierra con pasión y fervor, gracias por compartir conmigo y mí Rosita vuestra hospitalidad, y por enseñarme a amar esta tierra como ustedes.

   Que la belleza de la Patagonia, siga inspirando vuestros corazones y vuestras almas, y que la amabilidad y la generosidad, sean siempre vuestras mejores virtudes.

   Gracias, gente amable de la Patagonia Chilena. Gracias, mi Rosita, por hacer de este viaje un sueño hecho realidad. -Rubén Solano