jueves, 26 de mayo de 2016

NO MÁS CONTRA EL PUEBLO. EMPODERATE!


Cada vez me siento más lejos de coincidir con la mayoría, sobre la forma de ver los hechos que ocurren en el país. Definitivamente, creo vivir en otra realidad y eso no me hace sentir bien, por el contrario, porque tampoco soy capaz de quedarme en silencio... Por ejemplo, muchas personas critican y cuestionan la nueva estrategia que están tomando las protestas ciudadanas, como la de invadir el Palacio de la Moneda para notificar a la Presidencia de la República de la nueva ofensiva. Uno de ellos es el expingüino Julio Isamit, quien afirma que "hay que respetar las instituciones y los símbolos del Estado...el lienzo...es violento..."

Al respecto quiero decir que: Aunque nunca he estado ni estaré de acuerdo con las marchas y protestas ciudadanas, porque las considero cavernícolas, fuera de tiempo, ya que desde que el mundo conoció la democracia y se instaló la soberanía popular en la sociedad, las protestas callejeras han quedado obsoletas, evolucionando desde las que han sido objeto de las más brutales represiones, hasta las que se realizan el día de hoy, que son básicamente una estrategia para visibilizar potenciales políticos, "sacar la vuelta" o simplemente tener la comodidad para disfrutar de algún evento como la Copa Centenario o cualquier otro banal.

El final de cada marcha es siempre el mismo: cederle cínicamente (porque ningún manifestante lo reconoce) un espacio a la delincuencia, la demencia y la cobardía para que tengan su momento de "gloria". El punto es que estos ignorantes le hacen daño al mismo pueblo, destruyen la ciudad y se convierten en los asesinos de quienes no son responsables de las causas de quiénes convocan las marchas. Por el contrario, también las padecen y su dolor aumenta después de cada marcha cuando tienen que salir a recoger los despojos, los heridos y los muertos provocados por los convocantes de ellas que además, se escudan descolgándose de los criminales y denominando irresponsablemente los destrozos y pérdidas de vidas humanas como un "daño colateral".

Conclusión: Si tengo que vivir el resto de mis días presenciando marchas y protestas callejeras al estilo de un pasado ya extinto, prefiero saber que estas afectan directamente a quienes son responsables por acción o por omisión, del caos y la frustración que provoca la rabia de los protestantes. 

No más protestas ni marchas, al menos no callejeras. El pueblo no causa las desgracias. ¡Las padece de gobiernos irresponsables y de políticos mentirosos y corruptos!

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